Soy Física y doula

Maria Arroyo

Aprovechando que me han dado el titular hecho, pues sí, soy Física y soy doula.
Sobre el origen de las doulas y la evidencia que nos avala, os remito a la entrada de Ibone Olza doctora en medicina, que lo hace de forma impecable. Quiero destacar que las personas que impulsaron la figura de la doula en su concepción actual fueron Klauss y Kennel, ambos médicos, así como Michel Odent, obstetra que, aparte de formar e informar doulas en toda Europa, ha creado una base de datos en la que se recogen artículos científicos que relacionan el periodo primal (gestación, periodo perinatal y primer año de vida) con la salud y determinados rasgos de personalidad en etapas posteriores de la vida.

Sobre que soy Física, doctora en CC. Físicas en el campo de la Biofísica y los Biomateriales para ser más concretos, no lo escondo cuando ofrezco mis servicios o acompaño a las madres. Al revés, lo digo alto y claro porque me da credibilidad puesto que trabajo entendiendo, manejando y escribiendo evidencia científica. Y desde ese lenguaje en el que me manejo y es mi fuerte es desde el que quiero acompañar e informar a las mujeres y sus familias. Porque nos guste o no, las mujeres llegan a su embarazo con poca o ninguna idea sobre lo que es un parto en realidad, sobre cuál es la fisiología de proceso, cuáles son sus derechos en este ámbito, cuáles son las diferencias en la atención sanitaria que ofrecen los diferentes profesionales y en base a qué elegir el servicio. Y, aunque pueda parecer mentira, hay muchas mujeres que utilizan criterios para elegir bien diferentes de lo bonita que sea la habitación o de que la famosa de moda haya parido allí. En la era de la globalización, las mujeres y sus parejas (si existen, recordemos que la familia nuclear es sólo un modelo más de familia, y que esa variedad junto con la libertad de decisión de las mujeres y sus parejas, hace que haya madres que libremente no vayan a parir con el padre de su criatura al lado) tienen acceso a una gran cantidad de información, entre ella que la atención al parto es bien diferente en otros países o que la Organización Mundial de la Salud desaconseja determinadas prácticas demasiado frecuentes en los paritorios españoles.

Pues bien, a mí me llegan mujeres que quieren tener acceso a esa información, desde fuentes contrastadas, para tomar sus propias decisiones. Y en la parte de la información, yo ejerzo una labor que bien puede compararse con la de una consultoría en la fase de diagnóstico, es decir, de identificación, análisis y síntesis y examen del problema y de la situación. Lo que hacer con esa información ya corre de parte de las mujeres (y sus parejas si es el caso) que la reciben. Hoy por hoy la consultoría es una actividad profesional bien valorada y respetada que no requiere de un título específico para ser consultor, es decir, un ingeniero industrial puede realizar consultorías financieras siempre que pueda avalar formación y conocimientos al respecto. Pues así concibo la parte de trabajo de información que realizo como doula. Sí, yo asesoro sobre la evidencia científica relacionada con las prácticas en la atención al parto y el periodo perinatal, así como sobre lactancia o crianza. Luego ya cada familia tomará las decisiones que crea oportunas. Y lo repito una vez más, aun a riesgo de ser cansina, en base a la evidencia científica y los documentos publicados por organismos oficiales (OMS, Ministerio de Sanidad).

Yo no sé atender un parto, ni es lo que pretendo (esto queda perfectamente recogido en el código ético de muchas asociaciones de doulas pero aquí os voy a remitir al de Doulas.es, página de la que soy responsable y que es el que yo me he comprometido a seguir: Código Ético de Doulas.es). Pero sí sé dónde y cómo encontrar información veraz y de rigor sobre dicha atención para ofrecérsela a las mujeres y que ellas juzguen y tomen sus propias decisiones. Además me ofrezco a continuar a su lado, tomen la decisión que tomen, para que se sientan apoyadas y acompañadas en dichas decisiones. Hablo de la mujer siempre porque ellas son las que sí o sí están involucradas en la gestación, parto y crianza, no porque quiera desplazar a las parejas en caso que las hubiera, al contrario.

Así que no tolero que se asocie ni mi imagen ni mi nombre con acusaciones de prácticas canibalistas ni sectarias, como se ha hecho en el informe del Consejo General de Enfermería o en algunos medios de comunicación. Acepto que mi imagen se asocie a la información desde el rigor científico y al acompañamiento a las mujeres. También que la información que les pueda dar sea molesta para profesionales obsoletos que no se quieren reciclar y que mi acompañamiento las empodere y les dé más fuerza para hacer valer sus derechos y enfrentarse a prácticas no avaladas e incluso desaconsejadas por la evidencia, así como a no tolerar tratamientos irrespetuosos y denigrantes.

En todo caso, algo que es absolutamente innegable, es que la demanda por las mujeres de este tipo de servicios es cada vez mayor y sigue teniendo lugar a pesar de la campaña de desprestigio hacia las doulas que se quiere hacer desde algunos sectores. Así que nos guste o no, existe una necesidad social, no cubierta desde las figuras o estamentos actuales, de sentirnos acompañadas por mujeres que además de ser amorosas y cariñosas en un momento vital de nuestra existencia, nos informen sin paternalismos, ni culpabilización, con objetividad, tomando como referencia la evidencia científica y los documentos de organismos oficiales como el Ministerio de Sanidad y la OMS, y nos sirvan de apoyo para defender y actuar de acuerdo a lo que sentimos y que quizás sin ellas no nos sentiríamos tan fuertes para hacerlo.

Y quizá aquí está parte del problema. Que se trata de una organización entre mujeres, por y para las mujeres. Las doulas solemos estar al lado de mujeres empoderadas, que se plantean las normas y el orden establecido. Y en lugar de aceptar y reflexionar sobre el porqué  de estas demandas, se culpa al mensajero, y se asume de forma implícita que las mujeres no tienen cerebro suficiente para haber llegado a esas decisiones solas, sino que debe ser que alguien les ha lavado el cerebro.  O bien, como a las mujeres no nos las podemos quitar de en medio dejémoslas solas y sin compañía para que se sientan más vulnerables y sean más manejables.

Porque el argumento de que nos estamos aprovechando de la ignorancia de las mujeres no tiene desperdicio ya que asume que las mujeres en buena medida somos ignorantes, sin criterio y con poca o nula capacidad de tomar decisiones. Pero aparte de lo obviamente falso y denigrante del comentario anterior, se da la casualidad, de que en general, son precisamente las mujeres que más se han informado, han contrastado, reflexionado y mirado con sentido crítico la realidad que tienen delante, las que llegan a contratar nuestros servicios. Porque son mujeres (y, por cierto, muchas de ellas con exitosas carreras profesionales en ámbitos como las finanzas, la ciencia, o la tecnología; doy este dato porque es el tipo de parámetro que se acepta como válido para evaluar la ignorancia o no de un sujeto) que se plantean el sistema establecido, que quieren otra forma de abordar su maternidad, tanto para ellas como para sus hijos, que sienten que solas no podrán, que necesitan una figura cómplice o que simplemente lo hacen porque les da la ganas (opción muy respetable también, a pesar de que seamos mujeres). Así que dejemos de una vez el discurso paternalista para atacar una situación que nos resulta incómoda. Y es que, el hecho de que las mujeres quieran tomar las riendas de su maternidad, de sus partos, de su crianza, de su lactancia, con decisiones que cuestionan o atentan contra el orden establecido y apoyadas por otras mujeres, hace temblar los cimientos de demasiadas creencias en las que se basa el sistema patriarcal (aquí tengo que hacer necesaria referencia a la sabia Casida Rodrigáñez que ha explicado maravillosamente bien todos estos conceptos). Porque que las mujeres tomen las riendas de sus cuerpos para favorecer el sistema está bien visto: véase elegir una clínica con una tasa de cesáreas o episiotomías muy por encima de los valores recomendados por la OMS, o retrasar su maternidad y así estar más años al servicio del sistema de producción o bien para dejar a su criatura de pocas semanas en manos de otra mujer, productora del sistema también para ella misma seguir produciendo, eso sí que está bien y muy pocos lo cuestionan.
El otro gran problema en toda esta historia, argumentado incluso desde sectores que defienden los derechos de la mujer en el ámbito de la maternidad, es la monetización de la actividad. Es decir, si esto se hace gratis, se regala el tiempo, el coste familiar, las llamadas de teléfono, las horas de guardia y de acompañamiento, la gasolina empleada, entonces está bien. Ahora bien, si la mujer decide pactar un servicio y libremente pagar por él, entonces ya sí se demoniza. Y detrás de esto hay mucha tela que cortar. Porque aquí permea la idea patriarcal de que las mujeres tenemos que tener vocación de servicio y cuidado, hasta aquí está bien (las mujeres somos las cuidadoras de los hijos, las cuidadoras de los mayores, de los enfermos… y así hacemos un trabajo sin el que la sociedad colapsaría pero que se vive como parte de nuestras obligaciones y no como una responsabilidad social, o sea de todos incluido el estado). Pero tenemos que asumir este trabajo como parte de nuestras obligaciones. Ahora bien, si asumimos esas “obligaciones” y las enmarcamos en las reglas de funcionamiento del sistema, es decir, intercambio de servicio por precio, entonces se nos viene ese mismo sistema encima, que ni da el servicio que se demanda, ni permite que las mujeres nos auto-organicemos para poder tenerlo cubierto.  
Ahora bien, el problema es que la evidencia científica, pone en evidencia y nunca mejor dicho, las carencias del sistema, las malas prácticas que se siguen manteniendo, la mala praxis de algunos  profesionales y la realidad de un tipo de violencia a la mujer que se llama violencia obstétrica: . empodera a las mujeres a exigir sus derechos y otro tipo de atención más actualizada. Y eso es muy incómodo.

Esta semana la página web ha tenido más de 6000 visitas diarias y tan sólo han llegado 3 mensajes de ataque a nuestra labor, que claramente han demostrado no haber leído nada de la web por los ataques que realizan. Esto significa que la gente, a pesar de la campaña de miedo y desprestigio, tiene criterio; les parecerá interesante o no nuestra labor y decidirán o no contratar nuestros servicios, pero desde luego se dan cuenta de la campaña de desprestigio y descrédito. El propio hecho de que en el informe se mezclen diversos sanitarios y asociaciones de usuarios ya denota la falta de rigor del mismo. De hecho lo que muestra es que se ha intentado demonizar una determinada forma de atender (personal sanitario: matronas, psicólogas) o acompañar (doulas) a las mujeres durante la maternidad, aquella que las empodera.
Para terminar, incluyo aquí enlaces a artículos y comunicados que diversos profesionales sanitarios y asociaciones han hecho estos días en contra del informe y pidiendo su retirada:

Y mujeres blogueras:
Bei, Tigriteando
Irene García Perulero

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