Los testimonios publicados reflejan el sentir de mujeres que fueron acompañadas por una doula durante su parto. Algunas se han centrado sólo en la parte del acompañamiento y otras han querido relatar todo su parto y parte del embarazo.

Doulas.es recoge estos testimonios como vivencia de estas mujeres, no como modelos de atención sanitaria ni opción de parto.

Si quieres compartir lo que para ti ha supuesto contar con el apoyo de una doula, en esta sección tienes un espacio para ello. Envíanoslo a contacto.

Parto en casa de Macarena: Nacimiento de Enzo

Macarena Díaz

Antes de contar el parto de Enzo tengo que hablar del parto de mi primera hija y poner en antecedentes, porque como he dicho mil veces, gracias a ella, mi hijo ha tenido el nacimiento respetado que se merecía.

Lucía nació en el hospital 12 de octubre de Madrid el 4 de agosto del 2007 en lo que yo, en un principio pensaba que era un parto normal, pero que después de leer y de encontrar relatos de partos respetados, me di cuenta de que había sido un parto totalmente medicalizado, deshumanizado, inducido porque sí, con kristeller después de 15 horas tumbada porque la niña no bajaba claro, y con una episiotomía al segundo pujo porque tenían prisa, y a eso le añadimos una separación nada más nacer de 2 horas porque la niña nació fría porque yo tuve fiebre durante el parto! Total, que al cabo de los meses llegué a El Parto es Nuestro buscando ayuda legal para poner mi reclamación al hospital y liberarme de la culpa que tenía por no haber dado a mi hija un nacimiento digno y porque me robaron mi parto, no fui protagonista de uno de los días más especiales de mi vida, pero eso ya quedó atrás y en algún momento de esa búsqueda, me prometí a mi misma que jamás me dejaría utilizar y que mis próximos hijos nacerían en la más absoluta intimidad, que como mujer que soy necesitaba parir a mis hijos y sentir que soy capaz de recibirlos con todo mi respeto, y así ha sido. Para ello me preocupé de conocer a Emilio Santos y ya en la primera cita me dio toda la confianza del mundo y a mi marido también, lo cual me tranquilizó bastante, porque yo lo tenía claro desde el principio, pero a Toño le costaba un poco tomar la decisión. Después de llevar el parto con Emilio tenía clarísimo lo del parto en casa, así que hablé con María Arroyo para que fuera mi doula y ya en septiembre empecé a preparar el parto en casa.

El pasado 3 de mayo, estando de 40+2 semanas, sobre las 5 de la tarde rompí aguas. En ese momento no daba saltos de alegría por el peso de la tripa pero os puedo jurar que estaba pletórica de felicidad, y es que, os cuento que desde la semana 37 estaba esperando el gran momento porque todo apuntaba a que el bebé se adelantaría, y estuve esas tres semanas ansiosa y desesperada esperando que se desencadenara el parto y he de confesar que lo pasé bastante mal pensando que el bebé sería demasiado grande y que podría tener problemas al nacer; en fin, supongo que los típicos miedos de la recta final del embarazo. Ese día era el cumpleaños de mi padre y teníamos pensado ir a Madrid a celebrarlo con la familia, pero se me ocurrió que vinieran mejor a casa a comernos la tarta por si me ponía de parto fuera de casa, y menos mal, mientras, me di una ducha, me puse guapa para recibir a mi bebé, me hice las últimas fotos con mi barriga de embarazada, con mi hija y mi marido para tener un recuerdo de ese día y después llamamos a Emilio, a María y a Marian, una amiga matrona que tuve la suerte de conocer hace un año más o menos y que ha jugado un papel muy importante en mi parto; la familia llegó sobre las 8 de la tarde y a las 9 les tuve que echar porque empecé con unas contracciones super intensas que solo soportaba sentada en la pelota o en el water, pero de esas tuve dos o tres porque en las siguientes ya me fui a mi habitación, me puse de rodillas en el suelo y ya no me pude levantar en un buen rato porque las contracciones subían de intensidad y de duración. Al poco rato llegó Marian y me preguntó si quería que me explorara y me lo pensé y decidí que no porque viendo cómo eran las contracciones, si me exploraba y me decía que estaba de 4 ó 5 de dilatación, me hubiera desesperado porque el dolor era muy muy fuerte y las contracciones muy seguidas, tanto que no me dejaban tiempo para recuperarme entre una y otra; a los pocos minutos llegó Emilio, y lo que tardó en abrir su maleta, se acercó a verme y justo empecé con una contracción que solo se me alivió empujando y Emilio se sorprendió tanto que me dijo: "Macarena, has empujado? Esto va fenomenal" fenomenal? Pensé yo, "si me estoy muriendo de dolor, no voy a ser capaz de soportarlo, no voy a ser capaz de llegar hasta el final". Solo tenía estos pensamientos en mi cabeza, cada vez que venía una contracción intentaba recibirla pensando "una menos", pero os juro que no podía, solo decía "viene otra" y me agarraba al edredón de la cama como si fuera mi salvación y mordía las almohadas como un perro salvaje; en un momento dado me propusieron cambiar de postura y me puse de pie, agarrada a mi marido para recibir las contracciones.

A todo esto, mi hija estaba presente pero estaba muy excitada y nerviosa, y a pesar de que en un principio quería que estuviera presente en el parto para recibir a su hermano, el oirla hablar y preguntarme "qué te pasa mami? Por qué lloras?" Decidó que lo mejor era que no estuviera, así que le pedí a Toño que llamara a mi cuñada y se la bajara a su casa (menos mal que somos vecinas) porque a mi me estaba quitando concentración y no creí necesario que me viera sufrir, así que, ya sin Lucía en casa y con el cambio de postura empecé a empujar como un animal, colgada de mi marido con cada contracción y sintiendo cómo mi cuerpo se abría poco a poco. A todo esto llegó María, mi doula, y os juro que fue como si se llenara la habitación de luz, no recuerdo sus palabras, creo que me dijo, "Hola Macarena, ya estoy aquí" y fue notar su mano y mirarla a los ojos y agarrarme a ella como si fuera la única que podía ayudarme a sobrellevar el dolor, me abrazaba a ella con cada contracción que eran más seguidas cada vez hasta que pasado un rato, Emilio propuso que Toño le hiciera el relevo porque la fuerza con la que empujaba era tan fuerte que igual María no podría conmigo, jeje, pobrecita.

No recuerdo el tiempo que estuve así empujando, recuerdo que al poco me subí a la cama de rodillas porque se me doblaban las piernas estando de pie y no podía aguantarme más, estaba en tensión y solo me preocupaba no aguantar las piernas, necesitaba reposar el cuerpo en algún sitio y tomar aire pero no podía, las contracciones eran demasiado seguidas y fuertes, tenía mucho calor, recuerdo que me abanicaban y cada dos por tres pedía agua, María me dio unas flores de Bach para ayudarme y ya decidí no moverme de esa posición porque estaba agotaba y era como mejor podía sobrellevarlo; con cada contracción recuerdo empujar como un animal, yo recuerdo gritar pero hace unos días vi el video que grabamos y había un silencio sepulcral, solo se me escuchaba gruñir al empujar, es alucinante! No podía dejar de pensar en que no sería capaz de llegar al final, que ese dolor era inhumano, que estaba loca por haber elegido esa opción, buscaba la aprobación de los que me rodeaban en ese momento, les preguntaba "está todo bien? Cómo va? Decidrme que no estoy loca por favor" y en ese momento no recuerdo si Marian o María me acariciaban y me decían lo bien que lo estaba haciendo y que estaba siendo un parto muy bueno y rápido, y esas palabras me daban fuerzas para seguir empujando, hasta que Emilio, súper atento en todo momento, me dijo que ya se le veía la cabecita. Toño se emocionó y me dijo "Cariño, que ya se le ve el pelito", yo no me lo podía creer, creo que desde ese momento hasta que salió la cabeza no pasó mucho tiempo pero os juro que me parecieron horas. Emilio me sugirió que le tocara, que si pasaba la mano por debajo podría tocar a mi hijo, y no era capaz ni de moverme, no era capaz de tocarle por miedo a que aún faltara mucho, estaba ansiosa porque todo terminara porque realmente, hasta ese momento no estaba disfrutando de mi parto, pero lo hice, le toqué la cabecita a mi niño y llorando dije "Ay que ya está aquí" y creo que fue lo que me faltaba para dejarme llevar, meterme en mi mundo y empujar con toda el alma con cada contracción que venía. En un momento determinado recuerdo que dije que me partía, que no podía más, y al poco empezó a coronar el bebé, noté cómo quemaba, noté el famoso aro de fuego. Emilio me dijo que quemaba, que tiraba y así lo sentía, quemaba y mucho pero fueron unos segundos, ahora lo recuerdo así pero en ese momento me pareció eterno, y ya en la siguiente contracción empujé con el alma y salió la cabecita de mi niño, respiré por fin, ya no me dolía nada, ya no sentía nada, ya esperé la siguiente contracción mientras escuchaba cómo Emilio le decía a Toño que le sujetara la cabeza para cuando saliera el cuerpo poder cogerle, y cuando llegó cogí aire y empujé por última vez y salió mi pequeño, le recibió su padre y yo, después de tomar aire y respirar necesitaba que me ayudaran a incorporarme para ver a mi niño, levanté una pierna y ahí estaba mi bebé, solo podía decir " ay mi niño, mi niño, qué guapo, llamad a Lucía, llamad a Lucía por favor", estaba súper emocionada, me ayudaron a tumbarme y cogí a mi niño y solo recuerdo su olor, qué bien olía por dios!! Cómo me miraba con esos ojazos que tiene. Nada más nacer se cagó en su padre y en su madre, no echó ni una lágrima y enseguida cogió el pecho, yo no podía dejar de llorar y decir lo guapo que era mi niño, y a los pocos minutos subió mi pequeña a conocer a su hermano y fue uno de los momentos más bonitos de mi vida, mis dos hijos y mi marido disfrutando de esos instantes. Se fueron todos de la habitación y nos dejaron solos. Enzo nació con una vuelta de cordón pero sin problema a las 00:10 horas del 4 de mayo, pesó 3,870 kg y midió 50 cm, estaba precioso, rosadito, rollizo y muy despierto. A Enzo y a mi aún nos unía el cordón umbilical y os aseguro que estaba pletórica, pero al poco rato empezó el mal trago: vino Emilio a ayudarme a expulsar la placenta, lo recuerdo desagradable porque me molestaban los masajes, me sugirió que me sentara en el borde de la cama para facilitar el alumbramiento, pero al incorporarme perdí el conocimiento y me tuvieron que tumbar en el suelo. No sé el tiempo que estuve inconsciente, solo recuerdo que cuando empecé a despertar, Marian me estaba poniendo una inyección de oxitocina, María estaba llamando al 112 y Emilio me decía que tenía que expulsar la placenta antes de que viniera la UVI porque si no me tendrían que trasladar, y yo solo decía que no me quería ir, que yo me quedaba en mi casa, que no se preocuparan que yo estaba bien, y en un momento mientras Emilio me ayudaba, empujé y salió la placenta y parece que ya respiraron tranquilos, digo respiraron porque yo estaba súper tranquila y confiada en que todo saldría bien porque no quería trasladarme al hospital ni de coña, no se en que momento la matrona me cogió una vía y me tuvo que poner una botella de suero porque al parecer perdí mucha sangre y mientras yo estaba tranquila en la cama, María estaba pendiente de mis dos hijos y a la vez haciéndome el zumo de placenta, que por cierto, me supo a gloria, y los demás recogiendo y limpiando todo antes de que llegara la uvi y no vieran tanta sangre y decidieran trasladarme. Ahora pienso que fue un mal trago para los que me estaban acompañando, sobre todo para Toño, que mantuvo la calma en todo momento pero que no se que sabor de boca se le ha quedado porque aunque hemos hablado del parto, no hemos profundizado demasiado, aún no puedo. Cuando llegaron los sanitarios yo seguía tumbada en la cama y les decía que estaba bien, se quedaron un poco sorprendidos por el parto en casa pero nos dieron la enhorabuena y se fueron al poco rato, pero antes les pidieron otra botella de suero porque se me estaba acabando y necesitaba más. Ya en esos momentos empecé con temblores, con mucho frío, me arroparon con muchas mantas y seguía temblando y ahí sí que me asusté, porque aunque no lo parezca yo soy muy cagona y en cuanto me duele algo y no soy capaz de controlar el dolor me pongo a llorar como una niña pequeña, estuve así un buen rato, yo veía las caras de preocupación pero todo pasó rápido. Es posible que se me olvide algún detalle, sé que sobre las 3 de la madrugada pedí el teléfono para avisar a mi madre de que Enzo ya estaba en casa, estábamos tranquilos y parecía que estaba todo controlado así que María vino a despedirse de mií, le agradecí mil veces que hubiera estado conmigo pero es que eso no se paga con dinero, ahora entiendo y comprendo a la perfección el trabajo de una doula , ese "estar sin estar" y ese apoyo me dio fuerzas en muchos momentos para tirar pa´lante, GRACIAS MARÍA por ser mi doula, por estar a mi lado, por cuidar de mis hijos en esos momentos cruciales y por formar parte del nacimiento de Enzo.

Emilio y Marian aún se quedaron un ratito más. Cuando Emilio vino a despedirse le noté preocupado porque según nos contó, desde el 2003 no le había pasado nada parecido en un parto en casa y el pobre intentaba buscar el motivo…puede ser por la pérdida de sangre o puede ser porque yo tenía tal estado de tensión durante todo el parto, que cuando nació el bebé mi cuerpo se relajó y me bajó la tensión a 35/25... no sabemos por qué fue, solo sabemos que ocurrió y ya está.

Cuando ya se fueron todos y nos quedamos solos, intenté levantarme para ir al baño y mientras Lucía dormía y el bebé estaba tranquilo en la cama, Toño me ayudó a incorporarme, y cuando me senté en el wáter empecé a marearme otra vez y perdí de nuevo el conocimiento durante unos segundos, cuando volví a abrir los ojos, mi marido estaba blanco del susto y yo le decía que se tranquilizara, que estaba bien, que no se asustara, porque si él se asustaba me asustaba a mi también, pero que yo estaba bien, que me diera de comer y de beber y ya se me pasaría, y así fue, me bebí un litro de acquarius y unas galletas y ya se me pasó. No pegamos ojo en toda la noche por si volvía a quedarme inconsciente, estábamos asustados, pero no pasó nada, ya por la mañana desayunamos bien y dejamos atrás el susto.

Quiero agradecer también a Emilio por supuesto, por ser tan buena persona como ginecólogo y darme la confianza y seguridad necesaria para parir en casa, en todo momento sentí estar en las mejores manos por eso estaba tan tranquila. Y por supuesto, mil gracias a Marian porque sin su presencia no sé cómo me habría recuperado del síncope, pero sobre todo porque su presencia me daba fuerzas continuamente para empujar, me reafirmaba cuando le preguntaba si estaba haciendo bien, me daba aire y aliento a la vez, me hablaba en el momento justo y me tendía la mano cuando me venía abajo, ojalá todas las futuras matronas pudieran aprender de su calidez y profesionalidad!

Ahora, después de 15 días no sé si mereció la pena el parto en casa, tengo muchas dudas, no sé si volvería a repetirlo, es más, me atrevo a decir que no, porque el susto fue grande, pero aparte de la pérdida de conocimiento, el parto me pareció una experiencia tremenda, durísima, intensísima, es que joder! Parí en 3 horas!!! Puede ser que tuviera unas expectativas que no se cumplieron, yo pensaba que empezaría el parto con contracciones suaves, que iría recibiéndolas tranquilamente, que las disfrutaría, que disfrutaría mi parto, pero no fue así, desde el primer momento solo deseaba que aquello terminara rápido, que no sería capaz de soportarlo, contaba las contracciones como una menos, era una situación súper dura, me costaba coger aire y recuperarme, no me daba tiempo, me temblaba todo el cuerpo cada segundo que me relajaba, solo en el expulsivo creo que me metí en mi mundo y me dejé llevar y sí puedo decir que lo sentí plenamente, sentí cómo mi cuerpo se abría y dejaba paso a mi hijo, sentí su cabecita salir por mi vagina, y sentí su cuerpecito salir del mío... y respiré y pensé que por fin había terminado todo. Hoy después de 15 días estoy enamorándome de mi hijo, no sentí el flechazo cuando lo vi, no me enamoré al instante, me cuesta decirlo pero había sufrido tanto para parirle que me costaba enamorarme de él y sumado a eso la lactancia está dando problemas y solo quería que durmiera el mayor tiempo posible, pero claro, es imposible, y lloraba cada vez que me tocaba darle de mamar, y estaba tan agotada que le pedía a mi marido que le cogiera y le calmara el llanto a ver si aguantaba un poco más sin mamar y además, mi hija reclamaba atención continuamente y yo me sentía culpable por no poder dársela, aunque el papi siempre ha estado al 200% en todo, tanto apoyándome a mí como cuidando a Lucía y al bebé, he estado llorando sin parar durante días porque me sentía mala madre por evitar a mi niño, por no poder cuidar a mi hija, por no ducharme en 3 días, por no tener ganas ni de comer, ni de salir a la calle, ni de coger a mi hijo por miedo a que me oliera a leche y se pusiera a llorar. He llorado asustada recordando el parto y pensando que podía haber pasado algo más grave y que puse en peligro mi vida y la de mi hijo.

Hoy, 15 días después, estoy más tranquila, he podido ver el parto en vídeo, y me he emocionado tanto que me arrepiento de todos los malos pensamientos que he tenido, la lactancia va mejorando y todo se está estabilizando, me como a besos a mi bebé y me está enamorando por días porque tiene unos ojos que me hablan y me dicen lo mucho que me quiere y estoy súper orgullosa de haberle parido en casa porque se lo merecía, porque todos los bebés se lo merecen, porque mi hijo está estupendo y ha nacido rodeado de amor y respeto. Cuando la gente me pregunta y le cuento que he parido en casa, además de quedarse boquiabiertos, me dicen "qué valiente! Y sí, me considero valiente por haber tomado esa decisión, por no tirar la toalla y por haber soportado y vivido MI parto. Tuve el parto que quise pero no el que esperaba, no me arrepiento en absoluto pero no sé si repetiría, el tiempo lo dirá.

Y por último gracias a todas esas mujeres que hacen que El Parto es Nuestro esté en pie porque me han enseñado que otro parto es posible. A mí ya me lo han devuelto, ahora tenemos que seguir luchando para que se lo devuelvan a todas las mujeres que así lo deseen.

Desde Doulas.es queremos agradecer a Macarena
su colaboración por darnos permiso para la publicación.