Los testimonios publicados reflejan el sentir de mujeres que fueron acompañadas por una doula durante su parto. Algunas se han centrado sólo en la parte del acompañamiento y otras han querido relatar todo su parto y parte del embarazo.

Doulas.es recoge estos testimonios como vivencia de estas mujeres, no como modelos de atención sanitaria ni opción de parto.

Si quieres compartir lo que para ti ha supuesto contar con el apoyo de una doula, en esta sección tienes un espacio para ello. Envíanoslo a contacto.

Relato de una inducción

Marta

Pablo nació el 31 de enero de 2015 alrededor de las 23:15 tras un parto inducido que duró un total de 36h.
Me “propusieron” la inducción del parto a la semana 41+0. Entrecomillo propusieron porque en ese momento yo pedí que me dejasen 2-3 días más por si me ponía de parto de forma natural, pero también es cierto que como mamá primeriza estaba asustada y preocupada y accedí.

Soy madre soltera. Pablo es fruto del amor de una relación que finalizó antes de saber que estaba embarazada y aún así, desde el momento que supe de la existencia de mi hijo, le quise. Me emocioné en extremo la primera vez que oí su corazón y no pude reprimir las lágrimas que salieron de mis ojos por ese sentimiento tan profundo de albergar una nueva vida en mí.
El embarazo fue físicamente estupendo, pero no tanto emocionalmente. Según se acercaba el momento de encarar el parto varios miedos comenzaron a surgir, miedos que creo que todas las mamás más o menos desarrollan y traté de combatirlos con información, documentándome, leyendo y compartiendo información para tratar de enfrentarme al trance.
La palabra doula sonó, al mismo tiempo que varias personas coincidían en proponer la compañía deDoulas.es y me decidí a contactar con María Arroyo.
Ruth Cañadas me acompañaría en las primeras fases y el parto y María en el postparto.
Como he comentado el parto fue inducido. Había decidido dar a luz en el hospital y previamente me informé sobre los mejores hospitales para dar a luz en Madrid. En mi decisión primaban dos cosas: intentar que el protocolo hospitalario permitiera un parto lo más respetado posible y que hubiese una buena unidad médica por si algo se complicaba. Por ello elegí el Hospital Doce de Octubre.

Me citaron para la inducción el día 30 de enero a las 9:30. En la cafetería me encontré con Ruth, me despedí de mis padres y juntas, con cierta valentía, entramos a urgencias para que comenzase la inducción. Gracias a Ruth había escrito previamente un plan de parto, en el que no había contemplado la inducción pero que aun así llevé y entregué en el hospital para que quedase constancia de que deseaba la mínima medicalización posible dadas las circunstancias. Quiero señalar aquí que todo el personal médico que me atendió durante las 36h leyó el plan de parto junto con mi historia y fueron muy respetuosos con el mismo.

Al ingresar apenas tenía el cuello acortado y un escaso centímetro de dilatación, con lo que comenzaron introduciéndome pastillas de prostaglandinas cada 4 horas y monitorizando las contracciones y estado de mi bebé. Todo evolucionaba demasiado despacio. En ese tiempo Ruth me acompañó como una amiga, paseamos bastante para intentar acelerar el proceso, charlamos, pero el tiempo pasaba y yo no me ponía de parto. Aunque sí que tenía cada vez mas contracciones más y más fuertes, muy seguidas e irregulares que me agotaban. No podía dormir y alrededor de las 4 de la mañana rompí aguas. Recuerdo que me asusté pero fue maravilloso contar con Ruth al lado. Ella mantenía la calma, me ayudaba y me daba confort y seguridad. Yo empezaba a estar cansada y había vomitado un par de veces.
Al poco de romper aguas decidieron que ya estaba lo suficientemente dilatada y el cuello borrado como para ir a dilatación. Fue entonces, alrededor de las 5 am cuando comenzaba el parto y yo estaba ya muy cansada. Las contracciones eran regulares y pasada la subida y el pico me relajaba hasta perder la consciencia, pero iba muy despacio, apenas 2-3 cm, y todo me dolía mucho. Solo podía estar en una butaca. En algún momento, como mi bebé estaba muy colocado, sentí el reflejo de empujar cuando apenas tenía esos 3 cm. Las enfermeras se dieron cuenta y me dijeron que no lo hiciese que me iba a hacer daño, pero yo ya no aguantaba el dolor y el reflejo era tan fuerte…pedí que me sacasen a Pablo, que me ayudasen, que no podía más. La matrona me planteó las opciones: te debemos poner oxitocina para acelerar el proceso, yo no quería. Me dijo entonces que podia recurrir a la analgesia antes que a una cesárea que eso era una intervención que no se haría hasta que no fuese totalmente necesario. Entonces empezaron a ponerme la epidural y fue complicado porque me dolía mucho y la anestesista residente no encontraba exactamente el lugar. Tuvo que venir un adjunto que finalmente me la puso muy bien de tal forma que yo dejé de sentir tanto dolor, pude controlar el reflejo de pujo al mismo tiempo que sentía cada contracción y cómo la cabeza de mi bebé iba bajando, empujando para dilatar y abrirse paso. En cuestión de una hora dilaté de los 3 a los 9 cm. Ante eso esperaron a poner oxitocina artificial. Pero yo me quedé estancada ahí. Con un reborde que no se borraba y no dejaba paso al expulsivo.
El tiempo pasaba y había meconio en el líquido amniótico… fue entonces cuando empezaron a poner oxitocina, porque Pablo no quería salir y empezaba a ser peligroso. Comencé a empujar para borrar el reborde aunque costó un poco. No sé si Ruth y yo vivimos 3 ó 4 cambios de turno en total y en todos ellos el equipo de gente fue estupendo.
Ruth estaba ahí, con su presencia constante y sigilosa, ayudando a todos y sobretodo a mí en todo momento. Me daba agua y me ayudaba con paños para que no me subiese la fiebre porque hacía mucho mucho calor. Consiguió que no me diese vergüenza el hecho de que lo pusiese todo perdido vomitando o con lo que caía de mi vagina. Finalmente entre todos decidieron que tenía que sacar a mi bebé y me empezaron a dirigir los pujos. Me pasaron al paritorio, y allí en breve conseguí sacar la cabeza de Pablo. Al aparecer Pablo tenía una vuelta de cordón muy ajustada ahogándole el cuello. El equipo de neonatólogos lo cogió enseguida y trató de reanimarlo y aspirar el meconio que había aspirado. Su primera puntuación en el test de Apgar fue 2 y me dijeron que se lo tenían que llevar. Mientras a mí me cosían los desgarros yo no sentía más que la aprensión, extrema preocupación por mi cría. Miraba lo que le hacían pensando que era necesario pero también que deseaba que estuviese bien. No se podía hacer contacto piel con piel y a pesar de ello Ruth se lo pidió al médico que me colocó a Pablo unos segundos sobre mi pecho. Cuendo le vi, la más absoluta ternura me inundó. Ver sus ojitos y cómo le costaba respirar…

Mi agradecimiento a la labor de doula que Ruth realizó durante el larguísimo parto es enorme, porque a pesar de todo lo relatado, tengo un buen recuerdo. Se hizo lo mejor que se pudo hacer dadas las circunstancias. También mi agradecimiento al equipo médico del 12 de Octubre que me atendió, por respetarme e involucrarse de forma tan respetuosa como lo hicieron. Las últimas matronas que me ayudaron en el expulsivo se pasaron a vernos a Pablo y a mi finalizado su turno. Y también la ayuda de la asesora de lactancia del doce de octubre que me ayudó en todo lo que pudo para que le diese de mamar a mi recién nacido.

Desde Doulas.es queremos agradecer a Marta
su colaboración por darnos permiso para la publicación.
Ruth Cañadas
Doula: Ruth Cañadas
Provincia: Madrid
Zona de trabajo: Madrid, Guadalajara y Segovia
Email: doula@otanana.com
Tlf: 669 64 84 03
Web: Otanana.com
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